Hispanohablantes de América, voces lejanas en una misma voz.

Hispanohablantes de América, voces lejanas en una misma voz.

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Hispanohablantes de América, voces lejanas en una misma voz.

A muchos de los que en América y España hablamos esta lengua “de viento recio en la ofensa”, nos resulta sorprendente saber que también se habla español en África Ecuatorial, y que incluso en distantes tierras de Asia y de Oceanía, existen importantes minorías de hispanohablantes.hispanohablantes_

La obra Nueva gramática de la lengua española, se ocupa, entre otros muchos temas, del voseo casi completamente borrado aquí en España, desde comienzos del siglo XVIII, pero muy usado en algunas regiones americanas, sobre todo en Uruguay y Argentina: “Vos sabés“, “vos pensás“, “vos sufrís“, etc.

Nos cuentan que en Argentina se dice “soñar fiero” a tener pesadillas, mientras que en los Andes, se le llama “soñar feo”. Los bolivianos hablan del “nortazo” y del “surazo” que amenazan. En América se escuchan expresiones como: “canta bonito”, “habla cortito”, “come macanudo”.

Los centroamericanos y mexicanos se mantienen encerrados en casa, a causa de las “llovederas” y pasan horas de “platicaderas”. Los adverbios adjetivales se ven en: “bañarse sabroso“, “hablar claro y raspado” (con franqueza), del Caribe; o “claro y pelado“, como dicen algunos centroamericanos.

Otras voces americanas recientemente aceptadas por la Real Academia Española son los neologismos creados por el sufijo “-ido”, como “llorido“, “rebuznido“, “relinchido“, “toquido” (ruido que se hace al tocar) o “chiflido” (de “chiflar”, silbar). Los sustantivos terminados en “-azo” también se emplean con frecuencia. ; en Venezuela se dice a veces “pupitrazo” para aludir a una protesta estudiantil, y en Colombia se aprueban artículos a “pupitrazos” (golpeando los pupitres).

Una primicia informativa se llama: “un tubazo” en algunos países caribeños. Es propio de muchos hispanohablantes de América, decir “tengo viviendo allí diez años”, “tengo varios años trabajando en esta empresa”, y al habla coloquial de México, Centroamérica, Río de la Plata y área andina pertenecen expresiones como “me vive repitiendo que…”, “mi mamá me vive diciendo que tenga cuidado en la calle”.

Entre los cubanos, quien persigue un objetivo difícil “pica alto” o “tira alto“. Los colombianos “hilan delgado” que significa “hilar fino“. “Comer macanudo“, “caminar rico“, “beber recio“, “oler feo“, “llevarse pésimo” y “pasarlo chévere” son otros ejemplos de adverbios adjetivales, citados en la obra.

Atravesamos el Atlántico y oímos, con acentos muy diversos, idénticas palabras de las que escuchábamos en las letras de las nanas que nos cantaban nuestras madres, en los consejos de los abuelos, en las declaraciones amorosas después. Aunque pensándolo bien, por ejemplo, si alguien en Colombia nos dijera: “Avienta el tinto, no te dilates“, necesitaríamos la ayuda de un traductor, para saber que nos estaba pidiendo: “Sopla el café, no te demores”.

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