La báscula de average.es: una compra por una causa justa

La báscula de average.es: una compra por una causa justa

Báscula

Bascula_100KgLa báscula de average.es: una compra por una causa justa

La báscula de average…Era día de descanso, y además, domingo de reunión familiar en casa de mamá, pero igual no me importó emplear parte de mi solaz en adelantar trabajo, máxime a esa altura de la jornada, cuando la resaca de paella y jaleo está en su esplendor. Eso, sumado a lo difícil que resulta tratar de disfrutar de una película o de una buena lectura, en un concurrido salón, sometido al máximo volumen del televisor, a las continuas intervenciones de los adultos, y a las bulliciosas e incesantes irrupciones de los pequeños.  Mejor me vale- pensé, mientras  entraba en el estudio de papá-  usar este tiempo, y la facilidad de comprar por Internet, para hacer algo de provecho.

Mi madre, privada de su sagrada siesta y desterrada de su sillón por la mayor de sus nietas, me siguió, probablemente, con la idea de retomar  cierto tema de conversación o, tal vez , sólo en busca de atenta compañía, o de sosiego; en ningún caso con intención de tocar el ordenador. “Yo nunca acabaré de entender estos trastos”, suele decir ella, haciendo un desdeñoso ademán. Eso habría esperado escucharle repetir entonces, y sin embargo, nada más sentarse a mi lado, la vi clavar los ojos en las imágenes de los coloridos y atractivos artículos que iban apareciendo en la pantalla. Enseguida la oí exclamar: “¡Pero hija, vendéis de todo!”.

¡Cómo no va a asombrarse mi madre! –reconocí-, ante su comentario y sus sucesivas muestras de admiración, si  incluso yo, ya tan acostumbrada a ver nuestra página, me sigo sorprendiendo de su variedad. Mamá no escatimaba en halagos, mas, pronto me di cuenta de que entre todo lo expuesto, uno atrajo su atención de manera muy especial: una de las básculas en oferta.

Aquello debió ser amor a primera vista. Por elegante, sofisticada, y útil que fuera –le expliqué- se trataba de una báscula de paquetería. Pero mamá  no cejaba en su empeño; ni siquiera cuando le propuse buscarle una más adecuada a su propósito: nada, era aquella la que la señora consideraba perfecta para sustituir la báscula de su baño, en verdad ya muy vieja y, según ella, demasiado inexacta. Finalmente, aunque me costaba imaginar a mamá posándose, cual paquete, sobre la cuadrada plataforma,  accedí a complacer su raro capricho. A fin de cuentas, tenía muy buen precio, y una capacidad de hasta 100 Kg, límite que, confiaba, mi madre jamás rebasara; además –pensé- quizás así, la buena mujer termine por convencerse de que el mal funcionamiento de su balanza no es la única razón de sus crecientes cifras de peso.

Mi madre está encantada  con su nueva báscula y, al menos ayer, aceptó la ineludible realidad: había engordado. No podía achacar ese kilo de más a tan preciso instrumento , ni tampoco al café con leche que se había tomado antes de pesarse.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *